Erase una vez una pandilla internacional de pardillos que decidió bajar al moro para darse un garbeo entre arenales, pedregales  y otras lindezas norteafricanas.
En el rebaño, conducido por un barbudo pastor italiano, había un yankee a lo Indiana Jones, un falso alcarreño amante del barro, un matemático despistado, un técnico de sonido algo sordo y distraído y un gabacho con bigote que parecía una perfecta síntesis entre mister Gadget y los tres mosqueteros.
La intención era de tener una aventura sahariana entre pistas y landas vacías. La hubo. Con sus más y sus menos. Incluidos momentos de cultura, de arte, de turismo, de fina y calórica aproximación a la gastronomía local. Hubo impacto con letrinas malolientes, con cabras-despertador, dromedarios huidizos y mucha gente local. Gente singular, a veces seres de una estoica pobreza, de gran dignidad, de una astucia dictada por la necesidad de sobrevivir y de una sencillez maravillosa.
Hubo hilaridad y cabreo, tensión y emoción, temor a lo desconocido y ganas de descubrir. Pero, todo estuvo controlado. Y la pandilla regresó con un buen recuerdo, una nueva experiencia y ganas de volver a intentarlo, con un enfoque más sereno y unos cuantos truquillos adquiridos sobre el terreno.



 

Algo de historia y de arte. 
Rabat, visita al mausoleo de Mohamed V.


 

En Mohamadia, un vistazo al Atlántico. Para ver agua. mucha agua...


 

La película fue rodada aquí. Pero, ellos no estuvieron.


 

 


 
En el souk de la ciudad de Bogart.


 
 
 
 

 


 
Lo mejores platos de la gastronomia marroquí

 
La Gran Mezquita de Casablanca



 

Marrakech. 
Terraza panoramica de la Renaissance y cena en un puesto de la mitica plaza de la Jemáa l'Fna


 


 
Siempre en Marrakech, en su pintoresco souk.


Camino de Ouarzazate y del Sahara,
en lo alto del Atlas: el Tizi Tichka.


 
 
 
El hotel de mala muerte de Tazenakht y un alto en la etapa hacia Foum Zguid.



          Encuentros con niños y ultima gasolinera antes de entrar en pista.


Ya estamos en pista. Desde Foum Zguid hacia Iriki.



 

Todo un pedregal. Rocas como cuchillos...
y no tardamos en reventar dos neumáticos.
 


 
El atardecer en pleno desierto.
 


En la tienda de Salah El Fadmi, el "dueño" del pozo cerca de la Zaouia, entre couscous, cabras y camellos.


Los niños de Salah y el despertar entre las cabras.
 
 


 
Una vueltecita para desentumecerse y la preparación del desayuno.


Foto recuerdo antes 
de la despedida.


 
En M'hamid, el encuentro con un viejo amigo de hace quince años, Sbai Mohamed.


Zagora. El famoso cartel que indica "Tombouctou, 52 días".