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Detrás
del velo negro
Las mujeres
musulmanas se debaten entre las aspiraciones de libertad y el sometimiento
que exige la tradición
YOLANDA
MONGE, ENVIADA ESPECIAL |
Abu Dhabi
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Jóvenes iraníes
leen un periódico en la Universidad de Teheran.
/ASSOCIATED PRESS |
Son
la mitad de la población del mundo árabe. Pero para la mayoría
de los occidentales la mujer de estos países permanece en el más
absoluto de los misterios. A los ojos de Occidente son oscuros fantasmas,
enteramente cubiertas de negro, anónimas y sin capacidad para singularizarse.
Pero más allá de sus velos negros, algunas luchan por vencer
la resistencia social y lograr participar en la vida laboral de sus países.
Se resisten a aceptar las trabas de un mundo pensado por los hombres y
para los hombres. 'La situación de la mujer en el islam sigue siendo
un tema controvertido', asegura Magda Fadil, de la Universidad Americana
de Beirut (Líbano). Controvertido porque no se trata sólo
de velos, sino de falta de libertad.
'Ciertas
feministas occidentales suelen caer en la tentación de utilizar
sus propios baremos para juzgar situaciones cuya homologación desde
todos los puntos de vista [culturales, históricos, religiosos, etcétera]
es imposible', asegura la profesora Fadil durante el Foro Mujer y Medios
de Comunicación, celebrado a principios de febrero en Abu Dhabi,
capital de los Emiratos Árabes Unidos (EAU).
En
opinión de Fadil, los esfuerzos de muchas mujeres para terminar
con la poligamia, la ablación, la esclavitud, la venta matrimonial,
el abandono o repudio, la falta de instrucción femenina o el acceso
a puestos cualificados han chocado con el peso de la tradición sexista
y de la historia. 'La emancipación de la mujer árabe resquebrajaría
la jerarquía islámica', resalta Rafah, periodista de la televisión
nacional. Muchas de las mujeres en el mundo árabe no tienen derechos
políticos. Ni acceso a la educación o al empleo. Ni patria
potestad. En casi todos los casos, las mujeres han padecido la historia
más que hacerla.
'Su
tradición y religión no las permite ser vistas por los hombres.
Por eso se cubren y a ustedes les sorprende. Pero no se las puede culpabilizar
por ello. Para ellas el velo no es un impedimento para realizarse como
mujeres, sino una seña de identidad', tercia Nada Muhdati, productora
de una cadena de televisión árabe basada en Londres.
El
velo se ha convertido para millones de mujeres del islam en el recordatorio
de su opresión, pero también en el símbolo del renacimiento
religioso y cultural que vive el mundo musulmán, en una respuesta
vehemente a las solicitaciones de otras culturas y credos. Las justificaciones
teológicas utilizadas por los exégetas del Corán para
defender el velo suelen basarse en un fragmento del libro santo musulmán.
Se trata de un diálogo entre Mahoma y Omar, su compañero
de fe y cuñado. Dice Omar: '¡Oh profeta. Di a tus mujeres,
di a tus hijas y a las esposas de los creyentes que coloquen un velo sobre
su vestido y así cubran su rostro del modo más conveniente,
de modo que no puedan ser reconocidas y confundidas con las esclavas o
las mujeres de costumbres libres'.
La
periodista Kawthar al Bashrawi ha defendido, y defiende, este precepto
hasta sus últimas consecuencias. En la actualidad trabaja en la
cadena árabe Al Yazira. Pero durante años Bashrawi conoció
el paro y la discriminación laboral por defender lo que ella considera
un derecho básico: presentar un informativo con el pelo cubierto
por el velo. 'Tenemos dignidad. No somos prostitutas con altos salarios.
Por eso me niego a maquillarme y por eso me niego a desprenderme del velo',
reclama indignada esta mujer inteligente de madre alemana y padre tunecino.
Es muy bella. A eso achaca que algunos de sus antiguos jefes le recomendaran
dedicarse a 'bailar la danza del vientre antes que dedicarse al periodismo'.
Sobre todo cuando se negaba a aparecer en pantalla sin resaltar esa belleza
y cubierta de pies a cabeza.
'He
pasado hambre por no poder trabajar. He tenido que abandonar países
para ir a vivir a otros. Me han echado o he dimitido de cadenas de televisión.
Pero no me dejaré vencer. No renunciaré a la abaya
[la pieza de tela negra que cubre de la cabeza a los pies]', apostilla
Bashrawi.
'A
pesar de que la mujer árabe ha conseguido desarrollarse en algunos
sectores, la cultura social dominante no acepta a una mujer que trabaja
fuera de casa y aspira a desarrollarse como un ciudadano de pleno derecho',
reconoce Mouza Ghobash tras su ponencia en el Foro. 'Más bien se
las frustra y se las confina a labores domésticas y reproductoras'.
'Las
mujeres empiezan a participar dentro de los medios de comunicación,
pero no han logrado involucrarse en la toma de decisiones políticas.
Esto se debe, sin lugar a dudas, a factores sociales, económicos
y políticos. Factores sociales como el hecho de que sufren una sociedad
tremendamente paternalista que las margina', finaliza Ghobash. |